Lentes de contacto (lentillas)

Una de las alternativas más populares a las gafas son las lentes de contacto o lentillas. La elección entre utilizar lentes de contacto en lugar de gafas es muy personal. Pero, en la mayoría de casos, se debe a causas estéticas o a la incomodidad que suponen las gafas para realizar ciertas actividades como los deportes. Sin embargo, hay quienes se ven abocados a la elección de lentillas no sólo por un hecho estético sino por un problema anatómico a nivel del puente nasal que determina que las gafas no se adapten correctamente.

Desde su aparición en la década de los 40, las lentes de contacto han evolucionado mucho, tanto en lo que respecta a los materiales que las integran como en lo que se refiere a las nuevas geometrías.

Básicamente, podemos diferenciar entre lentillas rígidas y blandas. Las primeras, en sus inicios, se realizaban con plásticos del tipo polimetilmetacrilato. Pero, debido a las complicaciones que  provocaban estos materiales, se sustituyeron por otros, básicamente permeables al oxígeno, para dejar “respirar a la córnea”. Por esta razón, se denominan con las siglas RGP, que obedecen a  lentes de contacto Rígidas Gas Permeables.

Estas lentes de contacto tienen la ventaja de corregir simultáneamente los defectos esféricos de miopía o hipermetropía y el astigmatismo; ya que la deformidad de la córnea se regulariza gracias a que la lentilla actúa como un molde que da forma eliminando esa irregularidad. El principal inconveniente que presentan es que, debido a esa capacidad de moldear, su adaptación es más laboriosa, el que realiza la adaptación debe calcular los parámetros de la lentilla para que ésta se ajuste correctamente, como el sastre que realiza un traje a medida. Por su parte, el usuario debe acostumbrarse a las molestias que éstas leocasionan en el inicio, las cuales irán desapareciendo progresivamente al avanzar en el proceso de adaptación.

Para mejorar las condiciones de adaptación y la comodidad de porte de las lentes de contacto, aparecieron las lentes blandas, fabricadas con materiales a base de hidrogel que incorpora agua a su molécula, haciéndolo más flexible. Cuanto mayor es la concentración de agua, mejor son las condiciones de flexibilidad y de trasporte de oxígeno, condición básica para la tolerancia de las lentes de contacto como consecuencia de la fisiología de la córnea. Por el contrario, las lentes blandas de alta hidratación son más frágiles y fácilmente contaminables, tanto por microorganismos como por depósitos de materiales que se encuentran en la lágrima o en el medio ambiente (grasa, maquillaje, etc).

Actualmente, el número de usuarios de lentes blandas supera con mucho a los usuarios de lentes de contacto rígidas, a causa de su mayor comodidad y porque se han resuelto gran parte de los problemas de contaminación y deterioro, propios de los materiales con alto contenido en agua. La solución ha sido pasar a reemplazar las lentillas con mucha frecuencia, cada mes, semana o incluso a diario. Si desechamos las lentes y las sustituimos por unas nuevas, no es necesario tener muchos cuidados con ellas, porque no damos tiempo a que se deterioren o contaminen garantizando, de este modo, la seguridad sanitaria junto a una mayor comodidad en el porte. El problema aparece cuando no se siguen las recomendaciones y las lentillas no se sustituyen con la frecuencia que corresponde. Al alargar este período, damos tiempo al material a que se degrade fijándose en él elementos que pueden inducir reacciones alérgicas o facilitar la fijación de microorganismos, con mayor riesgo de
infecciones.

La calidad visual con lentes de contacto es muy buena. El hecho de que se coloquen sobre la córnea eliminando la distancia que hay entre las gafas y el ojo tiene una implicación muy importante en la calidad visual. Por otra parte, también pueden incorporar filtros, como los de protección contra radiaciones ultravioleta, filtros que corten las frecuencias de banda corta, o pueden tener distintos focos: bifocales o progresivas, aunque este último aspecto no está plenamente conseguido en resultados óptimos.

Sin embargo, como están en contacto permanente con el ojo, pueden  inducir otros problemas graves, como erosiones corneales o infecciones que pueden afectar la visión de forma irreversible.

Los portadores de lentes de contacto deben ser conscientes del riesgo potencial que corren. Por ello, es fundamental que sigan las instrucciones recomendadas acudiendo a las revisiones programadas y que pidan ser visitados con carácter de urgencia ante cualquier situación anómala que se acompañe de fuerte dolor ocular o pérdida de visión. En el momento actual muchos de los pacientes con problemas en sus lentes de contacto pueden valorar la posibilidad de una cirugía refractiva, para lo cual deberán realizarse unas pruebas y tomar la decisión con su oftalmólogo.

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La elección entre utilizar lentillas en lugar de gafas es muy personal. Podemos diferenciar entre lentes de contacto rígidas y blandas. Las primeras, en sus inicios, se realizaban con plásticos del tipo polimetilmetacrilato. Pero, debido a las complicaciones que provocaban estos materiales, se sustituyeron por otros, básicamente permeables al oxígeno, para dejar “respirar a la córnea”. Por esta razón, se denominan con las siglas RGP, que obedecen a lentillas Rígidas Gas Permeables.
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