Gafas. Guía para una correcta elección

En la sociedad occidental se calcula que 6 de cada 10 personas utilizan algún tipo de corrección óptica, siendo las gafas el sistema más elegido. Su principal ventaja es que no están en contacto directo con los ojos, por lo que no inducen cambios en la estructura ocular como se produce con las lentillas o, en mayor grado, con la cirugía refractiva.

Es evidente que, en la elección de las gafas, entran factores que competen al oftalmólogo y al óptico; sin embargo, es importante conocer algunos aspectos que nos ayudarán a realizar una mejor elección.

Cómo leer la prescripción de sus gafas

Cuando el óptico o el oftalmólogo le prescriben una corrección para sus gafas, la receta consta de una serie de números y abreviaturas que se interpretan de la siguiente forma:

OD: identifica el ojo derecho
OI: identifica el ojo izquierdo

Esfera: significa la graduación que requiere para corregir su miopía (al número que marcan las dioptrías que Ud. necesita, le precede un signo negativo), o para corregir su hipermetropía (el número identifica las dioptrías y el signo es positivo).

Cilindro: corresponde al astigmatismo que puede acompañar a la graduación esférica, si el número que lo cuantifica tiene un signo negativo, será un astigmatismo miópico, y, si se acompaña de un signo positivo, será un astigmatismo hipermetrópico. En ocasiones, el astigmatismo puede no presentarse. Entonces, se trata de pacientes con miopías o hipermetropías puras y, en otros casos, puede que aparezca la graduación sólo en la casilla del cilindro. Entonces, estamos ante astigmatismos puros.
Siempre que aparece un cilindro, encontraremos un eje que lo identifica con un número que expresa los grados y que se sitúa entre 0 y 180.

Adición: Este dato representa la variación del valor de las dioptrías que necesitamos en la visión de lejos para adaptarlo a la corrección de cerca. Es lo que corresponde a la graduación de la visión próxima para corregir la vista cansada o presbicia.

Tipos de material para las gafas

Cristal: Es el material más utilizado hasta el momento, aunque la tendencia es que sea sustituido en un futuro próximo ya que es el que resulta más caro, más pesado y se deteriora con facilidad. Sin embargo las gafas con mayor calidad óptica están realizados en este material.

Resinas plásticas: Aunque suelen tener el mismo precio que los cristales, su principal ventaja es su poco peso, incluso aunque sean algo más gruesas que las de cristal.

Plásticos con alto índice de refracción: Constituyen una nueva generación de lentes, más finas y menos pesadas; por lo que son ideales para graduaciones altas y medias. Permiten que se les incorporen filtros de protección de los rayos ultravioleta y para incrementar su resistencia a rascadas o roturas. El principal inconveniente de este material es su precio porque suele ser más elevado.

Plásticos de policarbonato: Son los más resistentes y los más ligeros; por ello, son los indicados para niños y deportistas. También admiten que se les incorporen filtros ultravioleta, antirreflejos y sistemas que permiten mejorar su resistencia a la rotura.

Tipo de filtros para las gafas

Filtros para proteger contra las abrasiones: Uno de los problemas principales de los portadores de gafas es la abrasión de las lentes. Al dejarlas sobre una mesa, limpiarlas con materiales no apropiados, etc., se produce un deterioro acelerado de las lentes; esto provoca problemas de visión y supone la necesidad de cambiar las lentes con el coste económico que supone. En la actualidad, existen filtros muy efectivos que evitan que las gafas se rayen o deterioren. Sin embargo, es necesario que los portadores de gafas sean conscientes de los cuidados que requiere el tipo de lente que utilizan, información que puede ser solicitada a su óptico de confianza.

Filtros ultravioleta: Las radiaciones ultravioleta tienen componentes que son nocivos para la salud ocular. Por esta razón, es necesario utilizar filtros de protección, especialmente en los individuos que padecen alteraciones degenerativas maculares. Actualmente, las lentes que más se utilizan son policarbonatos y plásticos de alto índice de refracción, que ya incorporan estos filtros. Por lo que se recomienda vigilar que no haya, en el precio de las lentes, un recargo añadido por estos filtros.

Filtros antirreflejo: Existen múltiples situaciones que pueden ocasionar reflejos en las lentes: ciertos pavimentos, agua, nieve, cristal, etc. Esta situación puede ocasionar problemas de distinta índole, con deterioro de la calidad visual, situación especialmente importante cuando conducimos y más aún si es de noche. Para evitar este desagradable efecto negativo, existen filtros que cubren las lentes reduciendo estos reflejos. Hay que advertir a los usuarios de filtros que la limpieza de las lentes con materiales abrasivos deteriora el filtro; por ello, es necesario utilizar paños mojados o simplemente colocar las gafas debajo del grifo del agua y aplicarles algo de jabón y dejarlas secar sin tocar las lentes.

Filtros especiales: Recientemente, han aparecido filtros para mejorar situaciones especiales, básicamente para incrementar el contraste en pacientes que sufren alteraciones maculares, una proceso cada vez más frecuente porque se relaciona con la edad.

La mayor expectativa de vida comporta que la incidencia de estas enfermedades oculares se haya incrementado de forma muy importante. En estos casos, se pueden utilizar filtros que sólo dejan pasar una parte del espectro de la luz. Generalmente, son de color amarillo y lo que consiguen es frenar el paso de la luz azul (aberración cromática), que es la que puede ocasionar un mayor deterioro de la calidad visual.

Es frecuente ver individuos que utilizan gafas con cristales amarillos, para mejorar el contraste y la calidad visual y, si bien hemos dicho que están indicadas para aquéllos que padecen degeneraciones maculares, también pueden ser muy útiles para los que padecen cualquier tipo de proceso retiniano que suponga una pérdida progresiva del funcionalismo visual. También utilizan estos filtros individuos que deben conducir o realizar actividades en las que es necesario fijar la vista de forma prolongada. En estos casos, sin necesidad de que exista ningún tipo de enfermedad, pueden suponer un beneficio, porque mejoran las condiciones visuales al provocar un cierto efecto relajante. Este tipo de filtros, como hemos anotado, se ha revelado útil en personas que sufren dislexia porque ayuda a fijar el enfoque de las letras.

Tratamientos especiales para gafas

Fotocrómico: Se trata de aplicar un producto químico que tiene la propiedad de oscurecerse según las condiciones de brillo de la luz que lo atraviesa. Pueden oscurecerse rápidamente hasta bloquear el 85 % del paso de luz; sin embargo, este proceso se produce con la radiación ultravioleta de la luz, lo que significa que si las utilizamos para conducir, como se da la particularidad de que muchos cristales de los vehículos ya incorporan filtros ultravioleta, este filtro no funcionará dentro del vehículo, a menos que dejemos una ventanilla abierta por la que entre directamente la luz solar.

Tintes: Se trata de aplicar filtros químicos para oscurecer las lentes y, a diferencia de los filtros fotocrómicos, ya no varían según el brillo de la luz. En este caso, el tinte se mantiene constante en las distintas iluminaciones.

Corresponden a las clásicas gafas de sol de las que podemos elegir diferentes colores e intensidades de saturación, según las necesidades y grado de sensibilidad de cada uno. Las lentes realizadas con materiales plásticos son las más recomendables para este tipo de tratamientos que, además, tienen la ventaja de ser reversibles. Es decir, que si no nos sentimos cómodos con el tiente aplicado, podemos solicitar que lo eliminen o lo modifiquen sin necesidad de tener que comprar lentes nuevos.

Es recomendable consultar con el óptico o con el oftalmólogo sobre el tipo de tinte y grado de saturación para cada persona, especialmente en aquellos casos en los que existen ciertas patologías. Por ejemplo, en un paciente muy sensible a la luz que inicia cataratas, será recomendable un filtro que bloquee radiaciones de onda corta, es decir utilizaremos tonos marrones suaves y no muy saturado (oscuro), ya que la reducción en el paso de luz le restará luminosidad, es decir, le reducirá todavía más la visión.

¿Cómo elegir las monturas de las gafas?

Es muy importante que las monturas se ajusten a las necesidades que marcan los lentes. Es evidente que unos lentes gruesos no deben combinarse con monturas finas y de materiales livianos fácilmente deformables. Es necesario que el óptico le recomiende cuál es la mejor solución para su problema.

De forma general, las gafas deben cubrir el 20-30% de la cara, con el marco superior alineado con el borde de las cejas. Si la montura es demasiado grande, se producirá un mayor grado de deslumbramiento y reflejos que deterioran la calidad visual. En caso contrario, si la montura es demasiado pequeña, se produce una reducción del campo visual.

Los materiales de las monturas también son un elemento a tener en cuenta. De forma general, se recomiendan materiales ligeros y resistentes, tanto a los golpes como a la corrosión por transpiración o por elementos grasos propios de la piel.

Los materiales más resistentes son los de fibra de carbono y/o titanio, aunque también son los más caros. Para niños o deportistas, se recomiendan las nuevas resinas tipo Optyl, que pueden doblarse totalmente recuperando su forma sin perder ninguna de sus características iniciales.

Un aspecto importante de las monturas es el puente o soporte nasal. El 90% del peso de las gafas recae sobre el puente nasal; así que tener en cuenta este punto es fundamental para el correcto ajuste de la montura y para la comodidad de unas gafas. Es frecuente el hecho de probarnos una montura sin los cristales correspondientes, con lo cual soportamos un menor peso. En cambio, cuando nos entregan éstas con nuestros cristales con la corrección refractiva, el peso de los mismos varía la comodidad referida. Por esta razón, es necesario tener en cuenta este factor y consultar al óptico para que nos recomiende una montura que se adapte a nuestra anatomía facial, especialmente al puente nasal, a la vez que a los cristales que habrá que montar en ella; ya que, de lo contrario, tendremos problemas que nos llevarán a no utilizar las gafas o a que éstas adopten una posición anómala que provoca un desplazamiento del centro de las lentes con el correspondiente deterioro de la calidad visual.

A pesar de lo dicho anteriormente, es necesario recordar que las monturas se deforman con el paso del tiempo y, en el caso de los niños en edad de crecimiento, se descentran y se desajustan. Es recomendable que su óptico las revise periódicamente para reajustarlas o recomendarle su cambio.

Gafas bifocales, trifocales y lentes progresivos

Cuando es necesario corregir la vista cansada o presbicia, deben utilizarse gafas de lejos y de cerca, quedando la visión intermedia en situación conflictiva. Para evitar la utilización de distintas gafas que se adapten a cada necesidad, se puede optar por combinaciones como las lentes bifocales, trifocales o progresivas.

Las lentes bifocales combinan dos focos en una misma lente: uno para visión de lejos y otro para visión de cerca. En las lentes trifocales, se incorpora un tercer foco para la graduación de la visión intermedia. En las lentes progresivas se consigue que, a cada punto de la lente según el eje vertical, le corresponda un foco o distancia de enfoque diferente. Así se evitan los saltos bruscos de graduación.

Este tipo de lentes obliga al portador a buscar la zona de la lente que le permite el enfoque correcto. En las lentes progresivas, este proceso es más complejo porque a cada punto de la lente le corresponde una graduación distinta. No es fácil la adaptación a este tipo de lentes progresivas porque, en el inicio, hay que acostumbrarse a mover la cabeza para focalizar mejor la escena visual; porque sólo así se utiliza el centro de la lente o foco para cada distancia o enfoque, y es la única forma de obtener la máxima calidad visual.

Por ejemplo, cuando vamos caminando por la calle, si queremos bajar unas escaleras o fijarnos en el bordillo de la acera, debemos ajustar la porción de la mirada en la lente en el punto que corresponde a la distancia de enfoque; es decir, hay que hacer un movimiento no sólo de la cabeza sino de los ojos en sentido vertical, para buscar la zona de la lente que nos permita ver con claridad. Este proceso de cambio de hábito supone un esfuerzo que requiere un tiempo de adaptación y que no resulta fácil a todo el mundo. Es necesario advertir de este hecho a aquellas personas que se inician con este tipo de corrección.

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Es evidente que, en la elección de las gafas, entran factores que competen al oftalmólogo y al óptico; sin embargo, es importante conocer algunos aspectos que nos ayudarán a realizar una mejor elección. Por ejemplo: el material de construcción, los tipos de filtros o tratamientos especiales según las necesidades de cada persona.
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