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Tras analizar cómo se equilibra el organismo tanto a nivel interno como ante los cambios del medio externo y ver las consecuencias del estrés, ahora estamos en condiciones de revisar las consecuencias del estrés continuado, el estrés crónico, lo que hemos denominado, Síndrome metabólico del estrés crónico.

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Cuáles son las consecuencias del estrés

Lo primero que debemos saber es que una situación de estrés de larga duración, estrés crónico, desencadena una serie de cambios entre los que destacan:

Veamos con más detalle cada uno de estos aspectos.

Cambios metabólicos por estrés

El estrés actúa a nivel metabólico de muchas maneras, aunque tiene dos vías principales, la respuesta del sistema vegetativo, con movilización de catecolaminas: adrenalina y noradrenalina y la respuesta del sistema hormonal hipotálamo-hipofisario, con movilización de cortisol.

El incremento de catecolaminas en el estrés crónico actúa sobre las células adiposas del abdomen, metabolizan sus depósitos grasos y los vierten a la sangre en forma de ácidos grasos. Estos niveles altos se mantienen ya que no se consumen por no haber un mayor requerimiento de gasto energético (no hay conducta de huida), no hay esfuerzo físico. Los ácidos grasos de la sangre, en parte, regresan al hígado y en parte van a otras regiones del organismo. Los que regresan al hígado se trasforman nuevamente en triglicéridos, acumulándose en su interior y desencadenando lo que conocemos como degeneración grasa del hígado. El resto de ácidos graso que circula por la sangre se dirigen a otras regiones del organismo, infiltrando el tejido muscular o depositándose nuevamente en los adipocitos de la grasa abdominal.

Ateroesclerosis y formación de trombos

La falta de ejercicio y el exceso de alimentos grasos y dulces, favorece el incremento de colesterol en sangre, especialmente el LDL, que se deposita en las arterias y debido a la acción de los radicales libres del organismo, penetra en la pared del vaso, formando los ateromas y la ateroesclerosis. Ante una situación extrema, por cansancio excesivo o por un disgusto, se generan una gran cantidad de radicales libres  que puede romper el ateroma, induciendo la coagulación de la sangre en ese punto, acabando de obstruir el vaso, una trombosis, con las consecuencias que eso conlleve en función del vaso afectado (infarto de miocardio en el corazón o ictus en los vasos cerebrales).

Actualmente sabemos que los niveles elevados de catecolaminas y cortisol, elevados en el estrés crónico, favorecen un estado de mayor coagulabilidad de la sangre, lo que se conoce como estado pretrombótico, que todavía favorece más la formación de trombos, sumándose a lo dicho anteriormente.

La inflamación generalizada de estos pacientes con síndrome metabólico, también activa los macrófagos para que fagociten los depósitos de colesterol en los vasos sanguíneos, se transforman en las conocidas células espumosas, cargadas de grasa, que todavía favorecen más la formación de ateromas y el fenómeno de la trombosis. La inflamación, sus mediadores, las citoquinas, también hacen que proliferen las células musculares en la pared de los vasos, engrosándolas y redundando todavía más en el fenómeno trombótico.

Adipogénesis

La activación del sistema simpático en el estrés crónico, entre los múltiples efectos que desencadena, produce el incremento de los niveles de uno de los mediadores de este sistema, el neuropéptido Y (NPY), que juega un papel importante en la obesidad relacionada con el estrés crónico.

El neuropéptido Y se libera especialmente ante un exceso de alimentos grasos y dulces, directamente sobre las células adiposas y allí actúa sobre los receptores Y2 que estimulan la formación de nuevas células adiposas a partir de precursores, preadipocitos, y facilitan su llenado de grasa (adipogenesis) y además estimula la vascularización de esa zona, para facilitar el crecimiento de nuevas células, adipocitos, (angiogénesis).

El resultado final es el incremento de la masa grasa, especialmente a nivel abdominal, ya que los adipocitos de esta zona son las que tienen más receptores Y2.

Inflamación crónica por estrés

Esta situación ocasiona la trasformación de las células adiposas, las que están llenas de grasa, se rompen y liberan adipocitoquinas, con capacidad inflamatoria y responsables de generar un ambiente local de inflamacion, que favorece la fibrosis de los tejidos a ese nivel (lo  que conocemos como celulitis) y por otra parte, son responsables del estado de inflamación generalizada que padecen estos sujetos, con gran producción de radicales libres y estrés oxidativo.

Actualmente sabemos que la hiperalimentación potencia la respuesta del cortisol y este exceso de cortisol también influiría en la activación de la secreción del NPY, favoreciendo todavía más sus efectos negativos, mayor producción de adipocitos y  respuesta inflamatoria subsiguiente. Parece que este circuito de activaciones está muy influido por factores epigenéticos que activarían la expresión de los genes que sintetizan el neuropéptido Y.

Inflamación sistémica

Acabamos de ver como el metabolismo de los adipocitos, el estrés, la sobrealimentación y la falta de ejercicio físico, desencadenan una reacción de inflamación local y generalizada.

Uno de los elementos básicos para explicar la inflamación sistémica es la proporción de grasa omega-6 y omega-3, que debe ser de 6-5/1 o incluso más baja. 4/1 en Japón, con un alto grado de longevidad en su población. Un desequilibrio con incremento de omega-6, desencadenará un exceso de grasas saturadas y un alto nivel de radicales libres, provocando una situación de estrés oxidativo e inflamación sistémica generalizada.

Es importante saber que los complementos de omega-3, su teórico efecto beneficioso está a debate ya que las moléculas de grasas poliinsaturadas, como los omega-3,  son muy susceptibles al ataque de los radicales libres que circulan por el organismo (lipoperoxidación), generando todavía más radicales libres. Los complementos de omega-3, en su proceso de purificación, pierden el factor protector que acompaña a los alimentos  naturales ricos en omega-3.

Los alimentos naturales con abundantes grasas poliinsaturadas, tienen unos elementos protectores, con una gran cantidad de antioxidantes, que previenen la oxidación de sus propias grasas, y los protegen de la acción de los radicales libres que circulan por el organismo. Por ello es mejor tomar omega-3 en alimentos naturales y no en cápsulas u otro tipo de suplementos farmacéuticos.

Presión arterial

Otro de los efectos importantes del incremento de cortisol y de noradrenalina, base del estrés crónico,  es la acción sobre los mecanismos que regula la presión arterial. Estas substancias actúan sobe el eje renina-angiotensina del riñón, se produce un incremento de angiotensina, aldosterona y ACTH y ADH que, retienen agua en el riñón, reduce el calibre de las arterias y, como resultado final, se produce el incremento de la presión arterial, incrementando el esfuerzo cardiaco y su posterior pérdida de eficacia así como el riesgo de hemorragias en la microcirculación de órganos como el cerebro, riñón o retina.

Sistema inmunológico

El estrés crónico también afecta al sistema inmunológico, se produce una reducción de las defensas y un incremento de ciertas respuestas que lleva a padecer enfermedades autoinmunes. Es característico de quien lo padece que sufra frecuentes resfriados, gripes, alergias, asma, colitis ulcerosa, etc. El deterioro del sistema inmunológico también constituye una de las bases en la génesis del cáncer.

Para determinar si se ha producido la alteración del sistema inmunitario se puede analizar el número de leucocitos, subpoblaciones de linfocitos y células NK, respuesta de los macrófagos, niveles de inmunoglobulinas, citoquinas e interferón.

Envejecimiento por estrés

Sobre el envejecimiento también tiene una fuerte influencia. El exceso permanente de cortisol y el desequilibrio en el metabolismo de la glucosa, permite que actúen los agentes oxidantes, radicales libres, y que permanezca un estado de inflamación sistémica generalizada que produce la alteración de los vasos sanguíneos, ateroesclerosis.

De la misma forma, el incremento de radicales libres, atacan los telómeros del ADN, reduciendo la capacidad replicativa de las células e induciendo cambios en la estructura genética, mutaciones, que aceleran el envejecimiento y la aparición de cáncer.

Cáncer

El tema del cáncer constituye un punto conflictivo, pese a que hay muchas teorías para explicar su aparición, parece claro que la acción del estrés crónico favorece unas condiciones de ataque a los telómeros, incremento de mutaciones y depresión del sistema inmunitario, un punto clave, ya que se produce un descenso de la acción de las células “vigilantes”, las que detectan células anómalas y su posterior destrucción, como las células tumorales.

Cada vez hay más evidencias de cómo el cerebro modula señales neuroendocrinas e inmunológicas que pueden controlar el crecimiento tumoral en los tejidos.

Perfiles de conducta y estrés

Hay dos perfiles básicos de conducta, perfiles tipo A y perfiles tipo B.

Conducta dominante por estrés

Estos sujetos tienen un fuerte carácter dominante, son nerviosos y muy activos. En este tipo de individuos se registran niveles relativamente bajos de cortisol y elevados de testosterona y DHEA, un perfil que los caracteriza con un alto nivel de agresividad. La testosterona no causa agresividad por sí misma, solo exagera un patrón preexistente y potencia la respuesta a una agresión ambiental desencadenante. Se caracterizan por un predominio del sistema simpático.

La respuesta inmunológica también es diferente, en los sujetos tipo A respecto a los sujetos tipo B, hay un predominio de la respuesta Th1, de tipo celular, más efectiva para luchar contra las infecciones, pero con un aspecto negativo, la aparición de un estado hiperinmune, potenciado por los bajos niveles de cortisol, que favorece la aparición de inflamación y de problemas autoinmunes.

Conducta calmada

Son sujetos más calmados, reflexivos y menos activos. Los individuos con este perfil presentan una elevada reactividad del eje hipofisario-suprarrenal, con altos valores de cortisol y un aumento de la neurotransmisión de serotonina. Tienen un predominio del sistema parasimpático. También tienen un hipocampo muy desarrollado que les proporciona una gran capacidad para almacenar y organizar la información útil ante cualquier situación de amenaza, guardan memoria de lo sucedido.

En los individuos tipo B hay un predominio de la respuesta inmunológica Th2, humoral, muy eficaz en la lucha contra los parásitos pero, insuficiente para el resto de infecciones, especialmente las virales.

El estrés reduce los niveles de hormonas anabolizantes, como los andrógenos (testosterona y DHEA), estrógenos, hormona de crecimiento y los llamados factores de crecimiento (IGF-1) y aumenta la producción de hormonas catabolizantes como el cortisol, el glucagón y las catecolaminas (adrenalina y noradrenalina). Este desequilibrio en los mediadores anabólicos-catabólicos, agrava el estrés crónico, promoviendo la tendencia a la enfermedad y acelerando el envejecimiento. El principal factor en este escenario es la elevada tasa de cortisol.

Es importante recordar que el cortisol está especialmente alto en los individuos con perfil tipo B, por tanto, el estrés determina unos niveles todavía más altos en estos individuos, mientras que en los individuos con perfil tipo A, con niveles de cortisol más bajos, el estrés llevará los niveles de cortisol a  valores normales. Esto es importante tenerlo en cuenta a la hora de realizar determinaciones de cortisol para evaluar el nivel de estrés en los pacientes, los valores de normalidad serán diferentes en función del perfil de personalidad.

El incremento de cortisol en el estrés crónico en los individuos tipo A, favorece la sobrecarga cardiovascular, con fibrosis miocárdica e hipertensión, hay una mayor tendencia al infarto de miocardio, agravado por la tendencia de la noradrenalina a la destrucción de las células musculares miocárdicas, elevada en estos individuos.

En los sujetos tipo B, el incremento del cortisol, produce acumulación de grasa abdominal, aumento los ácidos grasos y la resistencia a la insulina, induciendo la aparición de obesidad y ateroesclerosis, con todas sus consecuencias.

Deterioro cognitivo y enfermedad neurodegenerativa

El estrés crónico también tiene un papel fundamental en la salud del cerebro. Ya hemos visto como el cerebro se encarga de detectar las situaciones de alarma y cómo regula la respuesta frente a ellas, el problema es que el cerebro también se convierte en un órgano diana frente a esta respuesta de estrés crónico. El efecto principal del estrés crónico es el deterioro cognitivo, sobre el aprendizaje, la memoria, envejecimiento precoz y aparición de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

Sapolsky demostró en el 2003 cómo el estrés severo y prolongado puede alterar la capacidad de plasticidad y aprendizaje del hipocampo. Sabemos que un estrés ligero, incluso puede mejorar las capacidades cognitivas, se estimula la atención y los sistemas de cálculo, nos adaptamos ante una posible situación de alarma pero, si el estrés se mantiene en el tiempo y se cronifica, se elevan los niveles de cortisol y se bloquean las funciones de memoria, movilización de recursos cognitivos y todas las funciones intelectivas, por acción sobre el hipocampo y especialmente sobre la amígdala, activando la respuesta emocional, negativa, de miedo y ansiedad, que bloquea la acción de los lóbulos prefrontales, centro ejecutivo, para analizar y planificar las respuestas de actuación.

El estrés crónico induce un fallo en nuestras respuestas, nuestras actuaciones, menos efectivas para resolver problemas, lo cual crea un círculo vicioso que genera todavía más ansiedad y estrés, y nos acaba llevando en la mayoría de casos a la depresión. Las alteraciones mentales relacionadas con el estrés, constituyen la enfermedad ocupacional de crecimiento más rápido en USA.

El deterioro neurológico se agrava con la acción del estado inflamatorio sistémico, que también alcanza al cerebro y nervios periféricos, se produce una afectación de la mielina, desparece y se inician los trastornos que conocemos como degeneraciones desmielinizantes.

Adicción y drogadicción

En esta línea de acciones negativas del estrés crónico destaca el tema de la drogadicción. El estrés crónico es uno de los principales responsables del abuso del alcohol, tabaco, ludopatía  y otras adicciones. Si bien es cierto que no todas las personas tienen la misma facilidad para caer en la adicción, cuando se produce un estrés crónico, se segregan mediadores que utilizan las mismas vías neuronales que utilizan las drogas para producir su efecto placentero y adictivo.

La exposición crónica al estrés sensibiliza ciertas vías neuronales, especialmente las que utilizan la dopamina como neurotransmisor, produciendo el mismo efecto que los psicoestimulantes, ya que ambos producen el mismo efecto al utilizar los mismos receptores neuronales, potenciando el efecto de las drogas y las adicciones en general, se potencia el efecto placentero que causan las drogas. De la misma manera, una persona que no se drogue, este efecto del estrés crónico, se traduce en buscar la recompensa placentera a una subida de glucemia, y eso explica la “adicción” al chocolate, dulces en general o a comer en exceso o, en otro orden de cosas, a buscar el placer al apostar, practicar sexo, alcohol y al final, las drogas.

En los consumidores habituales de heroína se produce una reducción de los opiáceos endógenos que produce el organismo ya que en la sangre están circulando gran cantidad de sustancias similares, la heroína. Estos niveles altos de heroína provocan que el organismo no necesite sintetizar opiáceos como las endorfinas y las encefalinas, los receptores que señalan los niveles en sangre son “engañados” por la presencia de droga, muy similar a estas sustancias.

Las endorfina y encefalinas son las sustancias naturales que segregan el organismo para luchar contra el dolor, llegando a producir incluso una sensación de bienestar, para que ante el posible daño sufrido en una agresión, no se bloquee la respuesta de huida, proceso heredado de la era paleolítica. Cuando a un drogadicto se le retira la heroína, su organismo queda sin la protección al dolor, no hay opiáceos naturales y la falta de droga deja expuestos los receptores del dolor, es lo que conocemos como “el mono”, en la que el drogadicto sufre fuertes e insoportables dolores, incluso por el roce de la ropa.

Fertilidad y apetencia sexual

El estrés crónico también actúa sobre los mecanismos de la fertilidad, se produce una inhibición en la hipófisis de las hormonas liberadoras de gonadotrofinas, LH y FSH, tanto en la mujer como en el hombre.

Se produce una inhibición gonadal con reducción de la libido, de la apetencia sexual y la fertilidad (disfunción eréctil en el hombre).

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Consecuencias del estrés
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Consecuencias del estrés
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Explicamos las consecuencias del estrés y cómo el estrés afecta a nuestro organismo en enfermedades como el cáncer, la fertilidad o el envejecimiento.
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Área Oftalmológica Avanzada
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